Diciembre 17, 2018

Estos son los obstáculos que AMLO deberá superar para alcanzar independencia energética

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En el calor tropical del sureste de México, excavadoras preparan el sitio de una nueva refinería de crudo en las afueras de Paraíso, una ciudad petrolera empobrecida que nunca estuvo a la altura de su nombre.

 

La refinería de Dos Bocas es el nuevo proyecto energético insignia del Gobierno de México, una promesa de 160 mil millones de pesos (7 mil 800 millones de dólares) para crear empleos, bajar los precios de las gasolinas e impulsar la decadente industria de refinación del país.

 

De acuerdo con el presidente Andrés Manuel López Obrador, esto solo es el comienzo. El mandatario ha prometido rehabilitar el sector energético de México, en parte abandonando las reformas de libre mercado de su antecesor, Enrique Peña Nieto, a favor de políticas proteccionistas que se remontan a los años ochenta.

 

“Las políticas económicas neoliberales han sido un desastre”, afirmó López Obrador en su toma de poder, criticando las reformas energéticas diseñadas por el expresidente.

 

Esta retórica se ganó los corazones de los electores, pero generó cuestionamientos entre los inversionistas.

 

Los críticos señalan que los planes del presidente, que incluyen el término gradual de las exportaciones de petróleo y la suspensión de las subastas de contratos petroleros a empresas extranjeras, revertirán los avances obtenidos con la apertura del sector energético de la administración anterior, que atrajeron a las mayores petroleras del mundo a México.

 

 

Mucho de lo que López Obrador ha propuesto podría detener el comercio de petróleo de México, lo que afectaría con especial fuerza a Pemex.

 

"La inclinación nacionalista puede sonar muy bien en el papel, pero Pemex tiene 106 mil millones de dólares de deuda, un gran porcentaje de ella está denominada en dólares y está siendo garantizada de forma implícita por la exportación de crudo", señaló John Padilla, director general de la consultora de energía IPD Latin America.

 

Mejorar la situación de Pemex sería una tarea monumental para cualquier presidente. La compañía va camino a su décimo cuarto año consecutivo de caídas en la producción de petróleo, mientras que el robo sistemático de combustible de sus ductos, o 'huachicoleo', provoca pérdidas por miles de millones de dólares cada año.

 

Mientras tanto, sus seis refinerías operan en sus niveles más bajos en tres décadas y están en tan mal estado que pierden dinero cuando procesan más crudo.

 

La noción de que el presidente podría transformar a México para convertirse en autosuficiente en la producción de combustible durante sus seis años de mandato es difícil de creer, indicó Robert Campbell, director de investigación de productos derivados del petróleo de Energy Aspects en Nueva York.

 

La tarea requeriría "una inversión colosal" en el sector del refinado, que hasta ahora ha atraído sólo unas cuantas ofertas, por lo que la promesa del presidente de bajar los precios de la gasolina también sería difícil de alcanzar.

 

“México depende de los mercados internacionales para el combustible, por lo que la única forma de que los precios al consumidor pueden ser más bajos es si el precio del petróleo disminuye, el peso se aprecia significativamente o si el Gobierno subsidia los costos del combustible", aclaró Campbell.

 

"El Gobierno podría optar por la opción de que Pemex absorba las pérdidas de las importaciones de combustible, pero esto solo empeoraría su situación financiera, que se está deteriorando debido a la disminución de la producción de petróleo mexicano".

 

 

Este año, la producción de petróleo está encaminada a caer 88 por ciento respecto de los niveles del 2004, en parte por el envejecimiento de los campos y al exceso de gasto.

 

Además, Pemex ni siquiera extrae suficiente crudo ligero para alimentar a sus seis refinerías, la mitad de las cuales no están equipadas para procesar calidades más pesadas. Por ello, por primera vez en su historia, Pemex comenzó este año a comprar crudo de Estados Unidos, y la mayor parte de la gasolina que se vende en las estaciones de servicio es importada.

 

Mientras que López Obrador ha prometido 75 mil millones de pesos (3 mil 700 millones de dólares) para aumentar la producción en 600 mil barriles diarios durante dos años, los inversionistas temen que en la iniciativa del presidente se descuidará la perforación.

 

Todavía no está claro si Pemex o la administración federal pagará los costos de la nueva refinería Dos Bocas, planeada para construirse en Tabasco, el estado natal del presidente.

 

Ello genera preocupaciones de que el proyecto desviará dinero de la exploración en un momento en que Pemex está desarrollando una enorme reserva de petróleo de mil 300 millones de barriles en Veracruz.

 

México también enfrenta un grave problema con el robo de combustible, que le cuesta a Pemex miles de millones de dólares cada año. La intervención de ductos aumentó más de doble, a 41 por día en los primeros nueve meses de 2018, en comparación con el mismo período del año anterior.

 

El Gobierno de México aún no ha propuesto un plan para combatir el delito, que ahora está causando escasez de suministro a las empresas internacionales que han abierto estaciones de gasolina en México, incluidas BP y Total.

 

La 'fantasía' de Dos Bocas

Incluso Dos Bocas, el eje de la plataforma energética de López Obrador, parece más una fantasía que un hecho en esta etapa temprana.

 

“Construir una refinería en tres años es un objetivo ambicioso en muchos países, incluso China. El historial de Pemex con respecto a la generación de inversión en refinerías a tiempo y dentro del presupuesto no ha sido tan bueno", señaló Campbell.

 

No es la primera vez que México busca resolver sus problemas de refinerías mediante la construcción de una nueva instalación costosa. Hace varios años, la administración de Felipe Calderón desechó la refinería Bicentenario de 12 mil millones de dólares en Tula, Hidalgo, después de casi una década de trabajo y miles de millones de dólares en gastos devengados. Los críticos del plan Dos Bocas dicen que podría enfrentar un destino similar.

 

Incluso si se construye la planta, Pemex todavía tiene un difícil camino por delante. Sus refinerías operan apenas al 30 por ciento de su capacidad instalada, la más baja desde diciembre de 1990, ya que la compañía ha pospuesto miles de millones de dólares en mejoras y mantenimiento debido a problemas presupuestarios.

 

López Obrador ha dicho que quiere que esas refinerías operen a plena capacidad, pero "no hay un escenario en el que México pueda lograr esos niveles bajo la forma en que el sistema está configurado ahora", advirtió Padilla. "Estás perdiendo dinero en cada paso que das en esa dirección".

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