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Renuncia por motivos de… ‘helicóptero’

  • Escrito por JOEL Hernández Santiago
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Pues nada, que la gran noticia en los días de solaz o reflexión en Oaxaca es la de un fracaso. El fracaso por el despido, del gabinete estelar, del señor Alejandro Avilés Álvarez quien se desempeñaba como Secretario General del gobierno de Alejandro Murat Hinojosa, en Oaxaca.

¿De quién es el fracaso? ¿Del señor Avilés quien no se pudo sostener en uno de los puestos más importantes de todo gobierno estatal más allá de cuatro meses y medio? ¿O es un fracaso del gobernador quien no escogió a un personaje que ha sido cuestionado tiempo atrás por razones de índole diversa y quien coordinó su campaña, cabildeando, negociando, exigiendo, ‘grillando’ al viejo estilo priísta y cuyo aroma viene de tiempos en los que gobernaba José Murat Casab, el papá del actual gobernador, ahora presuntamente encargado de la Fundación Colosio priísta?

Decía Winston Churchill: “Nadie finge que la democracia sea perfecta o absolutamente sabia, de hecho es la peor forma de gobierno, excepto todas las demás formas que han sido intentadas.”

Una de esas imperfecciones es que los ciudadanos elegimos al Ejecutivo –en este caso-  pero no a la gente que lo acompañará en la responsabilidad de gobernar, por tanto, el gran problema es que el gobierno no es sólo de una persona, también de quien ordena y manda en su nombre.

La tarde del jueves 13 de abril se utilizó el helicóptero tipo Agusta AW109, propiedad del gobierno de Oaxaca, o sea, de los oaxaqueños, para trasladar a la familia de Avilés Álvarez a Puerto Escondido. En la aeronave fueron transportados Alejandro Avilés, hijo y otras cuatro personas.

Pronto las redes sociales dieron cuenta de lo ocurrido y hubo un buen pretexto para la decisión.

Casualmente, un día antes se había filtrado a las mismas redes sociales un documento en el que se expusieron presuntos pagos de la Secretaría de Gobierno a distintos personajes de la política y del servicio de Avilés, que a lo mejor viene a ser lo mismo.

En ese documento se decía: “Pepe Toño, recibió 100 mil pesos; Avilés 300 mil pesos; nuevamente Avilés 100 mil pesos, Berenice 70 mil pesos, Javier Pérez 140 mil pesos; plomero Dalias, 3 mil pesos…” y así, de boletos de avión hasta el servicio de cafetería… ¿Para la cafetería de Avilés Jr.?

Esto causó escozor inmediato, lo que se vino a sumar al tema del helicóptero y lo que también vino a despertar el pasado, en apariencia dormido, de un personaje que ha sido señalado como presunto vendedor de posiciones políticas, de administraciones municipales, de diputaciones o, incluso de senadurías. Senaduría a la que él mismo aspira junto con otros personajes locales.

En todo caso el tema del “Helicóptero” fue el pretexto para deshacerse de un funcionario que ‘estorbaba’ y que no conectó con los oaxaqueños, siendo oaxaqueño él mismo, porque no estaba interesado en ello y porque “de su pasado, preguntaban todo”.

Sus intereses eran distintos. Durante su breve gestión los problemas internos de Oaxaca fueron in crescendo en tanto que sus debilidades como co-gobierno eran más evidentes cada día.

Cierto. La responsabilidad grande es del gobernador, pero precisamente se integra un gabinete para que le ayude a solucionar problemas, no para creárselos o dejarlos a la deriva.

Y si bien para algunos lo demostrado por Murat Hinojosa es un golpe de mano en la mesa, esto tiene que ver, sobre todo, con la gravedad de los problemas irresueltos en la entidad como también porque el gabinete está pegado con alfileres y no se ven resultados por ningún lado.

Lo importante ahora es que quien ocupará de la posición que dejó Avilés Álvarez deberá poner a disposición de los oaxaqueños experiencia, eficacia, calidad, sensibilidad, conocimiento de lo oaxaqueño, transparencia, honorabilidad y respeto por Oaxaca. ¿Es mucho pedir? No. Es lo que se debe exigir en democracia.

Además valdría la pena que el gobernador Murat Hinojosa cantara su propio grito de libertad e hiciera los cambios urgentes en un gabinete al que, por un lado llevó a gente de otras entidades en quienes confía por encima de los oaxaqueños y que desconocen gobernar en Oaxaca y por otro que ahí hay personajes que le fueron impuestos por su filiación “muratista” de viejo cuño.

Oaxaca debe ser respetada. Su gente. Y tantos son los problemas que le agobian que no es un asunto de ‘a ver qué se puede hacer’ sino de cumplir con los compromisos de campaña, que son muchos y de los que el único resuelto hasta ahora es la salida de Avilés Álvarez.

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