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Demoledoras redes sociales

Lo oculto, lo que no se ventila en muchos de los medios masivos de comunicación, salta a la luz, a través de las redes sociales; se trata de noticias que captan ciudadanos comunes, de hechos singulares; muchas de esa imágenes tienen que ver con gente de la política, de la farándula o de lo que pasa cotidianamente en la calles; pero algunas de esas notas impactan en el círculo oficial, porque llama la atención tanta inmoralidad de algunos servidores públicos que, (a manos llenas), derrochan recursos en un estado que se ubica entre los más pobres del mundo.

Lo de Oaxaca, va para Ripley, porque sin recursos económicos, con obras paralizadas, con funcionarios que roban y atracan las arcas, es decir, en medio de la mundanal miseria, a través de las redes sociales, nos enteramos que, los señores diputados triplican el salario a un gobernador que en la palabra habla de su exacerbado fe juarista, pero que en los hechos, está muy lejos de observar la medianía y austeridad del fundador de la república.

Por un lado, se saluda el accionar gubernamental cuando cesa a los corruptos, cuando envía señales de que no habrá tolerancia para quienes utilizan los cargos para enriquecerse o para derrochar o desviar los bienes públicos. Pero, por la otra, el desorbitado aumento salarial de que se habla, para el que se ofreció servir al Estado, se antoja ofensivo, toda vez que ese privilegio es para uno sólo y que su proporción (triplicado) no es para todos los empleados o trabajadores del Estado, máxime cuando uno de los pendientes del actual gobierno es la creación de empleos y la mejora de los raquíticos sueldos vigentes. ¿Cómo la ven señores diputados?

A través de las redes sociales se filtraron los desvíos y derroche de recursos públicos llevados a cabo tanto por la familia del exsecretario General de Gobierno Alejandro Avilés y de la señora Olivetti  Paredes, del Instituto de la Juventud; en ambos casos,  la participación ciudadana fue determinante para presionar y prácticamente obligar a la autoridad a proceder conforme a la ley, renunciando a los citados servidores:

Como dije, lo bueno de todo esto es que el gobernador Murat, no tuvo empacho en aceptar las respectivas renuncias, sentando con ello, un buen precedente, una positiva señal que obliga a los funcionarios a repensar que el dinero del pueblo no se puede vilipendiar y que quien o quienes incurran en corrupción responderán por sus actos.

Dentro de este maremágnum de corrupción, suena también ofensivo para el imaginario social, de cómo, los diputados de la pasada LXII legislatura local, reformaron la ley de Fiscalización para que a Gabino Cué, nada más y nada menos, se le investigue únicamente en el último año de su gobierno. Vaya manera de amparar la corrupción y la impunidad. ¿Quiénes fueron los diputados que hicieron esa felonía? Uno de ellos fue Avilés. Con ello, Cué, la libra, está del otro lado, lejos de la suerte de los Duarte, los Moreira o Yarrington.

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