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Oaxaca: el cielo protector

  • Escrito por Joel Hernández Santiago
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Uno camina por cualquier lugar de Oaxaca y no puede más que maravillarse por la intensidad e inmensidad de los cielos oaxaqueños. Es cosa de mirar hacia arriba y, si se puede, no quitar los pies del suelo para seguir mirando hasta el deleite y la nunca saciedad ese color turquesa con el que nos ha dotado la naturaleza y que nos murmura al oído que estamos muy cerca del cielo y que esto es ‘casi el paraíso’.

En Oaxaca se resumen todos los colores vivos que hay en la escala, como también se compendian sus imposibilidades, sus aspiraciones insatisfechas, las fatales contradicciones sociales y económicas y el infierno del tener que dejar la tierra de donde se es, para buscar fuera la subsistencia que no hay aquí: esto hace que se arruine el ensueño para poner de nuevo los pies en la tierra y tronarnos los dedos porque no sabemos en qué va a terminar todo esto que aquí se ve.

La naturaleza nos dotó de maravillas insospechadas, pero esto no oculta la realidad de uno de los estados de la República Mexicana más empobrecidos y aletargados. La realidad de Oaxaca no es esa tía buena que todo lo ve y todo lo perdona pero sí nos recrimina que hay un gran saldo pendiente con millones de oaxaqueños para los que el tiempo pasa y todo sigue estático, como daguerrotipo; como fotografía en sepia y sin solución de color.

Son 93,757 km² y tiene registrados algo así como 4 millones de habitantes que todos los días de su vida se esfuerzan por la subsistencia y las ganas de seguir, a pesar de todo. Pero la verdad tiene números contantes y sonantes, según Coneval.

La población carente de servicios de salud y alimentación es de 16.6%; el 76.9% de los oaxaqueños no cuenta con seguridad social; el 59.5% no tiene servicios básicos en su vivienda; el 28.3% de la población vive en pobreza extrema; el 38.4% está en pobreza moderada; vulnerables por carencia social son 23.3%; vulnerables por ingreso son 2.1% de su población y tan sólo 7.9% de los oaxaqueños no son pobres y viven “como Dios manda”.

Estos son, en parte, algunos de los grandes problemas que subsisten en Oaxaca y que son motivo de cantaletas sexenales, sin solución.

Cada seis años llegan los mismos partidos políticos, en unidad o coalición y sus candidatos nos dicen que traen la solución política para todos los males que aquejan al cuerpo social oaxaqueño. Y piden el voto de cada oaxaqueño en edad de sufragar, para llegar al gobierno y cambiar las cosas. Dicen.

Con el discurso de la esperanza y solución llegó al gobierno de Oaxaca Gabino Cué Monteagudo el 1 de diciembre de 2010. Parecía que llegaban las aguas de mayo. Habían ocurrido años de turbulencia política y social priista y los incumplimientos se acumulaban, como también los fracasos. Los oaxaqueños estaban hartos de la larga espero y decidieron castigar al PRI.

Así es: la mayoría de los oaxaqueños votó en contra del PRI y sus gobiernos. Cué prometió, entonces, trabajo, casa, comida, sustento, seguridad en el campo, garantías para los diferentes sectores de la población, participación política, inclusión y sobre todo, dijo que acabaría con el problema magisterial, la violencia y la inseguridad social, así como con los grandes rezagos sociales: pobreza, desigualdad, injusticia, para hacer de Oaxaca ‘el cielo que se nos tiene prometido’. El 30 de noviembre de 2016 supimos que no fue así. Hubo saqueo que aun requiere ser resarcido y que se haga justicia.  

El primero de diciembre de 2016 el nuevo gobierno, de Alejandro Murat Hinojosa (PRI) retomó la palestra y prometió, de nueva cuenta lo mismo que su antecesor hacía seis años en tanto que mira hacia otro lado cuando le recuerdan que tiene que exigir cuentas al gobierno anterior… ¿Lo hará?

Han  pasado más de cinco meses y la expectativa sigue vigente. El tiempo político del actual gobierno se ocupa en solucionar el gran problema magisterial sin conseguirlo. ¿Lo solucionará pronto? No lo sabemos.

Los líderes de la CNTE-22 dicen negociar pero no negocian porque son insaciables; el gobierno se muestra débil frente a las exigencias de un sindicalismo mal entendido que anula su propia esencia: el magisterio, la enseñanza, el ejemplo propositivo y el futuro de los niños de hoy, aquí.

A esto se suman agrupaciones diversas que han visto que mediante la presión pueden obtener ventajas inmerecidas. Además la herencia de deudas contraídas por el gobierno anterior sigue sin ser saldada aunque son compromisos de gobierno.

A poco más de cuatro meses el gobierno de Murat Hinojosa ha hecho cambios en su gabinete. Piezas que llegan y piezas que se mueven de lugar. Las soluciones y los compromisos adquiridos siguen pendientes: todo junto ahí.

En todo caso los problemas esenciales, como el dinosaurio de Tito Monterroso, aun están ahí. ¿Qué sigue? ¿Cuánto tiempo habrán de esperar los pobres de Oaxaca? ¿Y los que se van y que pronto regresarán al desahucio o desempleo si no hay programas de desarrollo económico y social?...

El cielo protector está ahí. Y nos mira. Y pasarán los años y estará ahí para quienes lleguen luego… ¿Quienes lleguen luego vivirán otra realidad? Todo depende de la voluntad política, de la capacidad de gobierno y de la cantidad de soluciones que se acumulen pronto… Entonces sabremos si el gobierno es solución o problema y entonces aplaudiremos… o no.   

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