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El ombligo enterrado

  • Escrito por Joel Hernández Santiago
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Los primeros pasos de la vida los damos en casa. A trompicones-caídas-llanto-levantadas, caminamos y avanzamos poco a poco en nuestro espacio íntimo y ante la admiración y el caluroso aplauso de quienes nos miran con alegría, como si el changuito ya fuera capaz de alcanzar la vida sólo,  por sí mismo, por su propio esfuerzo: Y sí, ese es un síntoma.

Igual las primeras palabras, las cantamos en el hogar. Las primeras señales de educación, del cómo ser, por qué hacerlo y cómo comportarnos, provienen del entorno doméstico. De ahí pasamos a la comunidad, cuando ya estamos listos para correr, gritar y hacer travesuras, como debe ser.

Millones de mexicanos no nacen en zona urbana. En miles de casos el mundo que se conoce por primera vez es el del pueblo, el pequeño espacio social que muchas veces es municipio y en donde las costumbres, las tristezas, alegrías, fiestas, defunciones y nacimientos nos unen y nos marcan para toda la vida porque el lugar en el que nacimos es el mejor lugar del mundo, y es que… un pueblo… un municipio que no se ven con cariño son un pueblo cualquiera…

Pero si se le ve con la mirada cargada de cariño, entonces ya no es un lugar cualquiera: es nuestro refugio y nuestro sueño del regreso. Lo he dicho aquí: las madres de nuestros pueblos entierran el ombligo de los hijos en el patio de la casa para que después, cuando pasen los años y el largo recorrido vital, volvamos para encontrarnos con el ombligo, recuperarlo y platicarle cómo nos fue en la feria y su jugada…

Pero en eso de la municipalidad, Oaxaca se sirvió con la cuchara grande, porque de los 2,417 que hay en México, Oaxaca tiene 570 y, por lo mismo, 570 identidades que son una: Oaxaca. Pero hay muchos problemas y rezagos ahí.

Para empezar ‘La tierra del sol’ es un estado pobre. Muy pobre. El más pobre de la República. Según INEGI y Coneval, en tres lustros hasta 2015, y de ahí en adelante, la entidad pasó de segundo lugar a primer lugar en rezago social estatal y nacional.

De los 570 municipios de la entidad 89 aumentaron su índice de rezago ya que pasaron de ‘alto’ a ‘muy alto rezago’, algunos de ellos son Asunción Ocotlán, Cuyamecalco Villa de Zaragoza, Huautla, Magdalena Mixtepec, Magdalena Teitipac, Mazatlán Villa de las Flores, San José del Progreso, San Cristóbal Amatlán, San Juan Coatzómpan, San Juan Comaltepec… y más. ¿Esto es justicia social y gobierno?... Porque, a saber, la gente de ahí es asimismo gente de trabajo, de sudor en la frente y de días de sol a sol… ¿Para qué? ¿Con qué?

Y de ahí en adelante, según el informe de las instituciones de medición social cayeron de medio a ‘alto’ rezago como San Antonio Castillo Velasco, Zoogocho, Mitla, Santa Catarina Lachatao, Santa María Yavesía, Tenetze de Zaragoza, Tezoatlán de Segura, entre otros.

INEGI dice que hasta 2015 en Oaxaca había poco más de 3.9 millones de habitantes y que de éstos el 67 por ciento están en condiciones de pobreza y el 28 por ciento en pobreza extrema.

Así la tragedia de Oaxaca y de estos municipios y su gente, perdida en sí misma y perdida de las políticas públicas de desarrollo social. Tragedia superior porque a más de cinco meses de gobierno, el señor Alejandro Murat Hinojosa no ha presentado su Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022, que es decir, la búsqueda de solución a estos grandes rezagos, miseria y reproche social.

¿Su solución inmediata? La confusión entre políticas públicas, y caridad, como ocurrió el 22 de abril cuando junto con el señor Héctor Pablo Ramírez, de Liconsa, anunció que 161 de municipios muy pobres recibirán litros de leche a un peso y que a partir de mayo “los beneficiarios de la leche ya no cubrirán el precio de un peso”

Y volvemos a la vieja historia del principio. La de gobiernos que no entienden que los problemas sociales tienen raíces profundas y enfermedades de vieja data. Y que la solución no es el Mejoral, sino la operación a cuerpo entero.

El desarrollo de la entidad implica desarrollar a estos municipios que nos duelen a todos, pero que al parecer al gobierno de Murat Hinojosa le es incomprensible y confunde gobierno con populismo: “¡Viajó en taxi el señor gobernador!”…  

Pero el fenómeno municipal no concluye ahí. Ya se sabe, se nos juntan la pena y el dolor.

Resulta que según Carlos Altamirano Toledo, titular de la Auditoría Superior del Estado de Oaxaca (ASE), cada trienio, entre 200 y 250 presidentes municipales que dejan el cargo no realizan su trámite de entrega-recepción, lo que ha derivado -dice- en el ejercicio indebido de los recursos.

En los últimos cinco años la ASE estima que alrededor de 5 mil millones de pesos no fueron solventados por las ex autoridades. “No sabemos dónde estuvo el dinero, esto no significa que todo se lo hayan llevado pero no sabemos cómo lo ejercieron, si es que lo ejercieron”.

Y así la triste historia de nuestros municipios: pobreza, quebranto, abandono político, políticas publicas mal entendidas, saqueo y falta de control: ni más ni menos en el estado más pobre, de los más pobres.  Manda a decir mi ombligo que sí: ‘Que si no pueden, que renuncien’.

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