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Los judíos mataron a cristo

.-Es la eterna lucha con las 12 tribus de Israel

(DE REFILON: y en la fecha a celebrar por los católicos-cristianos en el nacimiento de Jesús el Mesías, Donald Trump, reconoce a los israelitas judíos como autoridades plenas de la meca religiosa de Jerusalem, y abre la herida de miles de año de lucha religiosa)

¿Quiénes SON?:  Estudios afirman que el origen genético de los judíos es del Cáucaso y no del antiguo Israel. El estudio afirma que el 90% de los judíos del mundo no proceden del Israel bíblico sino de las tierras del Cáucaso. Y se indica que no son judíos puros sino que su material genético es un mosaico de genes.

TRIBUS salvajes en el desierto del Mediterráneo, arabia y siria. Nómadas que se alimentaban de ratas y alimañas .Eran grupos salvajes y sanguinarios, que invadieron el Medio Oriente

-Poncio Pilato interrogó al líder de la cristiandad, y encontró que no había delito para condenarlo, pero los padres de las tribus del pueblo judío, los Sanedrin, encabezados por Caifás, pidieron la muerte de Jesús cuando Pilatos presentaba a cambio al asesino Barrabás: ¡NO! Que muera Jesús gritaron…“Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: ¡Inocente soy de la sangre de este justo!. Vosotros veréis.”

ACEPTARON SU CRIMEN: Según el Evangelio de Mateo, durante el proceso a Jesús los judíos pronunciaron una frase que, sin quererlo, marcó la historia y el destino del pueblo hebreo en su relación con los cristianos: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mt 27,25).

Este grito fue interpretado a lo largo de los siglos como una maldición que el pueblo judío se echó sobre sí mismo, asumiendo la responsabilidad de la muerte de Jesús.

Desde entonces muchos citan ese versículo como prueba de que Dios ha rechazado a Israel; y peor aún, ha servido para justificar las atrocidades y persecuciones cometidas contra ese pueblo, como si tales sufrimientos fueran un castigo divino (sic, caminando con Jesús-Crónica)

Hutton Gibson, padre del actor Mel Gibson, en su libro El enemigo aún está aquí (2003) escribió: “Cuando Poncio Pilato se negó a aceptar la responsabilidad de la muerte de Jesús, la culpa cayó en los judíos presentes; fue un crimen superior al pecado original y al de la torre de Babel; por eso el castigo se abatió sobre las futuras generaciones judías, que han sufrido muchos desastres como el holocausto, por la maldición que ellos se lanzaron sobre sus cabezas”. El teólogo inglés G. C. Montefiore llegó a escribir: “Ésa es una de las frases responsables de océanos de sangre humana, y de incesantes ríos de miseria y desolación”. Pero ¿por qué quedó registrada en el Evangelio?

LA TRETA DE PILATO: El episodio lo trae únicamente san Mateo. Según él, cuando las autoridades judías llevaron a Jesús ante Pilato para que fuera juzgado, el gobernador romano se dio cuenta de que lo habían entregado por envidia, e intentó liberarlo. Para ello recurrió a una treta. Pensó que “<enfrentando a Jesús con un famoso preso llamado Barrabás, para elegir a quién dejar en libertad, el pueblo optaría por Jesús. Pero se equivocó. Los Sumos Sacerdotes y dirigentes judíos convencieron a la muchedumbre para que pidiera la libertad del delincuente”> (Mt 28,15-18).

Pilato, viendo frustrada su estratagema, dijo a los judíos que no podía condenar a muerte a Jesús porque no encontraba en él delito alguno. Esta frase ya tendría que haber servido para dar por finalizado el juicio: el juez se había pronunciado. Pero el nuevo intento tampoco funcionó porque la gente, azuzada por los Sumos Sacerdotes, comenzó a encresparse y a gritar: “Crucifícalo, crucifícalo” (Mt 27,22-23).

Temeroso Pilato por el cariz que tomaban los acontecimientos, y convencido de que nada de lo que hiciera iba a salvar a Jesús, sino que por el contrario su negativa a condenarlo provocaba mayores disturbios, realizó un último gesto simbólico. Delante de todos se lavó las manos diciendo: “Yo no soy responsable de la sangre de este justo; háganse cargo ustedes” (Mt 27,24).

Sólo para manos judías

Según la mentalidad semita, la sangre derramada de una persona inocente tenía la propiedad de manchar no sólo al culpable, sino a cuantos se cruzaban con el muerto, e incluso a todo el pueblo donde se había cometido el crimen. Por eso Moisés ordenó que cuando en una ciudad se descubriera un cadáver y no se pudiera identificar al malhechor, los dirigentes debían reunirse junto aun río y lavarse las manos, diciendo: “Nuestras manos no han derramado esta sangre”. Luego debían orar a Dios: “Que esta sangre inocente no caiga en medio de tu pueblo Israel”.

 

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