¿El envejecimiento se puede curar?

Elizabeth Parrish, fundadora y directora ejecutiva de BioViva, una empresa comprometida con extender la esperanza de vida saludable usando tecnologías celulares. Liz es una voz líder en curas genéticas. Gracias a sus investigaciones descubrió que algunos de los agentes que provocan enfermedades en los niños son procesos de envejecimiento acelerados. Para Elizabeth, envejecer es una enfermedad, no un proceso, por lo que ha diseñado una terapia en la que ella es su propio paciente, para que el tiempo sea más benévolo con su cuerpo, su llamada terapia génica.

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• Cuentahabientes, para Elizabeth Parrish como para miles de científicos alrededor del mundo que trabajan en métodos para retrasar el envejecimiento, los genes pueden curarnos de enfermedades y alargar nuestras vidas.

• Ella lucha particularmente contra cuatro enfermedades: cáncer, demencia, diabetes tipo 2 y padecimientos cardiacos, pero, como explica en las conferencias que da alrededor del mundo, en realidad lo único que habría que buscar es la forma en que nuestras células, en vez de deteriorarse con el tiempo, se regeneraran.

• Y esa es la aventura a la que ha dedicado, literalmente, su vida puesto que ella es, en sus propias palabras, “conejillo de indias” de este tratamiento llamado, terapia génica y nos va a contar TODO.

 

Sobre su terapia genética:

• De acuerdo a sus investigaciones la terapia génica nos hará vivir más tiempo.

• No se trata de no envejecer o no morir, tenemos que morir, pero eso no quiere decir que tengamos que degenerarnos con enfermedades como el alzheimer o el cáncer.

• Como les decía, la terapia genética está enfocada principalmente en 4 enfermedades: cáncer, demencia, diabetes tipo 2 y padecimientos cardiacos, pero también ayuda al rejuvenecimiento del organismo.

• Lo que se busca es que nuestras células se regeneren en vez de deteriorarse con el tiempo.

 

¿Cómo empezó todo esto?

• Elizabeth se dio cuenta que las enfermedades en los niños son procesos de envejecimiento acelerados.

• O sea, las células del cuerpo son como un ordenador y gran parte del daño que provocan a lo largo del tiempo se debe a que están programadas para ello.

• Algunas personas sufren este deterioro a una edad temprana, pero todos estamos acumulando estos daños que finalmente nos llevarán a los síntomas de la vejez.

Ella es su propio paciente cero:

• Ella está reprogramando las células “in vivo’ en su organismo, al que le inyecta genes investigados y testados de bancos genéticos de humanos y otras especies, (existe una ‘tienda’ filogenética con millones de años de evolución de tecnología de genes que podemos potencialmente adaptar a los humanos).

• Hasta la fecha ha tenido gran éxito, pues ha estudiado sus telómeros y ha constatado que han crecido, lo que implica un rejuvenecimiento en parte de su sistema.

• Es la técnica que pretende llevar a todo el mundo, una vez que se lo permita la FDA, la agencia de alimentos y medicamentos.

• La historia: Lo hizo en Colombia por el riguroso proceso que exige en Estados Unidos la FDA, la Agencia del Medicamento de Estados Unidos, antes de probar un nuevo medicamento en humanos. Se sometió al tratamiento cuando tenía 44 años, pero la longitud de sus telómeros indicaba que su edad biológica era de 65 años. Este dato no es raro para alguien que tiene una vida tan estresante. Después de un año y tras la terapia, la longitud de sus telómeros se corresponde con la de una persona de 45 años. Se ha sentido maravillosamente bien. Se empezó a interesar en esto cuando diagnosticaron a su hijo con una diabetes tipo 1, así que inició con todas las investigaciones. Y, al día de hoy más personas están siendo parte de estas terapias.

 

¿Cómo aplica esta terapia?

• Para hacer la terapia genética, se centran en ciertos genes que dan ventajas, los cuales no se ponen directamente, se usan vectores mediante los cuales transmiten cierta información.

• Estos vectores son virus, pero se usa la parte que no enferma, porque tienen la capacidad de conectarse con nuestras células y transmitirles su material genético.

• Lo que se hace es inyectar genes en el torrente sanguíneo para que se dirijan a las células, donde ayudan a producir proteínas que las regeneran.

• Esto lo descubrió Parrish con sus investigaciones, al trabajar con ratones, quienes viven un promedio de ocho meses, y en laboratorio, con dieta y ejercicio óptimos, hasta 18 meses.

• Lo mismo, con un régimen de restricción de calorías, les permite vivir hasta 30 meses. Pero con el cambio en uno solo de sus genes, esos ratones pueden doblar su esperanza de vida, sin necesidad de dieta ni ejercicio.

• Con el paso de los años se ha dado a conocer que hay organismos que pueden regenerar sus células para vivir indefinidamente, llamados “matusalén”.

• Uno de ellos es el tardígrado, que puede sobrevivir en condiciones tan extremas como temperaturas heladas, agua hirviendo y radiación intensa. Si se toma un gen de este ser, llamado ‘supresor de daño’, y se inyecta en las células humanas, se vuelven resistentes a la radiación y sanan más rápido.

 

El futuro:

• En el futuro se podrá desarrollar una sustancia que provea múltiples genes asociados con la regeneración celular y que esencialmente prevenga el envejecimiento biológico.

• En otras investigaciones han logrado restablecer la vista de personas ciegas con genes tomados de las algas.

• Lo que nos dice que podemos tomar genes de otras especies además de la humana para nuestro beneficio.

• Si esto sucede, en 100 años todos vamos a tener terapias celulares, incluso con los genes que cada quién requiera individualmente, sanando unos órganos más que otros.

 • Se podrán administrar estas terapias a jóvenes de forma preventiva, para que no desarrollen enfermedades que posteriormente se tengan que sanar.

• Los primeros que deberían beneficiarse de ella son los pacientes terminales.

• Luego, si los datos obtenidos resultan positivos, se podría comenzar con pacientes de diagnósticos más leves y finalmente llegar al área de cuidados preventivos. Para que esto ocurra será preciso solo un requisito: que las agencias reguladoras reconozcan la vejez como una enfermedad.

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